Ocho vidas destinadas a proteger la paz entre las razas de Akame....
ocho magias unidas que cumplirán una profecía...
ocho caminos enlazados con un mismo destino...
ocho vidas y...
una muerte

domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 5: El viaje.


Llegado el día de la partida se podía notar a simple vista la agitación de los magos. Tenían muchas cosas que preparar y el tiempo escaseaba. Decidieron ir a buscar a primera hora de la mañana algo de ropa para para Carlos y Nérida a sus respectivas casas.
-Poneros ropa y calzado cómodos. Pasaremos el día caminando.- dijo Yunuen.-  Coged unas mudas para poneros mas tarde, pensad que no sabemos cuando regresaremos.
Llenaron dos mochilas cada uno con lo esencial y se cambiaron de ropa. Mientras tanto, Aremi llamaba a un taxi desde la mansión de Carlos.
-¿A donde nos dirigimos? – dijo Carlos. No había abierto la boca desde hace días. Aun no se creía nada de lo ocurrido. En poco tiempo paso de tenerlo todo a perder lo mas importante que tenia. Hasta ahora no se había parado a pensar en lo mucho que apreciaba a sus criados…sus únicos amigos. ¿Como es posible que a Nérida no le afecte todo esto? En realidad si lo hacia. Aprendió siendo muy niña a ocultar sus sentimientos para protegerse de alguna manera, y eso es lo que estaba haciendo ante esta situación.
-Vamos a Saint Lary, a la oficina central del parque de los Pirineos. Allí nos veremos con uno de los Magos sin Nombre. Ellos son los encargados de controlar los portales que unen los cinco reinos.-dijo Aremi.
A Nérida le parecía un gran chico, simpático y agradable, además de muy hablador. Compartía con el su pasión por los libros. Mientras ellos hablaban Carlos miraba por la ventana. Cuando se estaban acercando a su destino le pareció ver a lo lejos observándolos al ser que lo agarró en el restaurante. No se sabía nada de él.
-La otra criatura del restaurante…. ¿que o quien era?
- Seguramente era la pareja del demonio que matamos en tu casa. Suelen viajar siempre juntos.- Respondió Yunuen. Carlos… ¿Por qué lo preguntas?-
-Me pareció verlo ahí fuera…observándonos. ¡La diferencia de tamaño entre ellos era abismal!
-Las hembras suelen ser las mas pequeñas. Pero no es siempre así. De hecho… en Ikuinen en muchos casos suele ser al revés. Si nos esta siguiendo quizás es porque nos cargamos a su noviecita.- Aremi termino la frase con una gran carcajada. Nérida y Carlos lo acompañaron y Yunuen les dirigió una mirada severa.
- Estamos llegando. En cuanto os bajéis del coche os pegareis a nosotros y ni se os pase por la cabeza alejaros. Un demonio enfadado es más peligroso que diez juntos.
El taxista paro el coche y todos se bajaron cargados con sus cosas. Yunuen hizo el amago de pagar el viaje pero tan solo creó una ilusión ante los ojos del taxista, quien creyendo que le habían pagado arrancó el coche y desapareció. Se encontraban ante una pequeña torre hecha toda ella de piedra. “Parece salir de un cuento” pensó Nérida. En la puerta había un cartel: oficina de turismo. Al entrar se encontraron con una mujer joven que se dirigió a Yunuen en un idioma desconocido para los chicos. Yunuen le respondió en el mismo idioma, la mujer se levando de su silla y entro en un despacho. Poco después salió indicándoles que podían pasar. La habitación resulto ser agradable. Contaba solo con una chimenea pequeña, un escritorio, un par de sillas y varias estanterías con grandes carpetas. Tras el escritorio estaba sentado un hombre de mediana edad que se levantó y le estrecho la mano a Yunuen.
-Me alegro de verte viejo amigo. Hace ya unos 17 años que no se nada de ti. Encontraste lo que buscabas por lo que veo.
-Encontramos a dos de los miembros de la profecía. Por suerte la chica, Nérida, maneja mi misma magia.-No pudo evitar esbozar una sonrisa
-El chico aun tardará un tiempo en mostrar su habilidad…pero no consigo ver cual es.-Dijo el Mago sin Nombre observando a Carlos con curiosidad. Posee una habilidad que le permite saber todo sobre una persona con una simple mirada directa a sus ojos - Supongo que vais a cruzar el portal. ¿Me equivoco?
-Nos gustaría que nos llevaras hasta allí, pero debemos ir con cuidado, Carlos cree haber visto uno de los demonios Haboryn que los atacaron.- Intervino Aremi.
-Muy bien. Espero que vengáis cómodos. La última parte del camino la recorreremos a pie.- Dicho esto se dirigió a la puerta y hablo con la mujer otra vez en aquel extraño idioma. Aremi les explicó mientras que ese es el idioma común de los Ikuinitas, y que tendrán que aprenderlo con el tiempo. Cinco minutos después apareció un coche en la entrada del edificio. Entraron en el y durante dos horas circularon por estrechos caminos sin asfaltar. Se encontraban en plena naturaleza, rodeados de arboles y animales salvajes. La mayor parte del camino era ascendente y en muchos tramos se deslizaba entre bosques o cañones rocosos. Estos últimos no le inspiraban a Nérida confianza, mientras que a Carlos parecían cautivarlo. En ninguno de sus viajes había visto nada parecido, estaba rodeado de paredes de roca tan altas como los edificios de las capitales que frecuentaba. Su rostro se tenso de pronto. Por un momento le pareció ver al ser que los ataco en el restaurante. Aremi también lo vio pero no dijo nada. Poco después el camino se estrechaba tanto que tuvieron seguir a pie entre los arboles.
-Hace años que nadie pasa por aquí así que el camino va a ser muy abrupto. No os alejéis, aunque estemos aun en la Tierra aquí viven criaturas de Ikuinen que protegen el portal. Si no estáis conmigo os considerarán enemigos y os atacarán. – dijo el Mago sin Nombre
Acto seguido cogieron sus cosas y comenzaron a andar. Al mediodía pararon en un claro a descansar y a comer algo. Ya se encontraban cerca del portal. En ese momento voló sobre sus cabezas una criatura que dejó a Nérida y a Carlos boquiabiertos, asustados por su tamaño y conmovidos por su belleza. Una descomunal libélula de colores muy vivos en tonos violetas voló sobre ellos con tranquilidad. Yunuen y Aremi parecían disfrutar con las caras de los chicos.
-Aunque parezcan delicadas no os dejéis engañar.- Dijo El Mago.- Esas criaturas ya han acabado con demasiadas vidas.
En el momento en que terminaba de hablar la hoguera pareció cobrar vida. Una enorme lengua de fuego se alzó sobre sus cabezas amenazando con quemar todo. Aremi empujo a los chicos alejándolos del fuego mientras Yunuen frenaba el primer ataque con una espiral de agua que envolvió la llama. La apagó fácilmente, pero se formo una neblina por culpa del vapor. Cuando se dispersó ante ellos estaba el demonio de fuego. Sus ojos, anteriormente negros, eran de un color rojo incandescente, y mantenía la cola en alto en señal de amenaza. Formo en sus manos dos esferas de lava fundida que lanzó contra los chicos. Nérida, sin darse cuenta y de forma instintiva, generó otro escudo líquido que los protegió a ella y a Carlos. Nuevamente le supuso un gran esfuerzo. La otra esfera se estrello contra unos arboles que comenzaron a arder con una furia implacable. Aremi sujetó a Nérida y empezaron a correr dejando sus cosas atrás.
-Por suerte estamos cerca del portal. Se encuentra sumergido en un lago. Allí no nos podrá atacar.- dijo El Mago sin Nombre entre jadeos. Otra esfera se estrelló cerca de ellos, haciendo que Carlos y Aremi perdiera el equilibrio. El mago desvió una lengua de fuego con un tornado que se interpuso en la trayectoria  Siguieron corriendo hasta llegar al lago. Se encontraba entre paredes rocosas y, a su vez, rodeado por una espesa vegetación, en su mayoría arboles de una altura vertiginosa. Con su tamaño colosal y su agua cristalina el lago escondía más secretos de los que se imaginaban los chicos.
-¿Soy yo el único idiota que se preocupa por saber como llegar al portal?- Dijo Carlos, presa del pánico.
-Aremi, genera una burbuja de aire que nos cubra en cuanto entremos en el lago. Yunuen, tu provocaras corrientes que nos lleven hacia el portal. Una vez allí ya no hará falta la burbuja. ¡Venga! No os paréis.- grito El Mago.
Nérida no sabía si seguirlos, pero de nuevo el demonio apareció tras ellos y se vio obligada a sumergirse. En cuestión de segundos Aremi formó una burbuja que les permitía respirar y hablar.
-Yunuen, el portal esta en el centro del lago, en la zona mas profunda. Llévanos hasta allí.- Mientras hablaba realizó un gesto sencillo con la mano. En cuestión de segundos entraron otra vez en calor y su ropa estaba seca.
Se dirigían lentamente hacia una zona llena de algas que se movían con las corrientes cuando la voz de una mujer llamo su atención.
            -“Cuanto tiempo sin veros. ¿Decidisteis regresar a Ikuinen?”
De las algas emergió el torso de una hermosa mujer. Lo primero en lo que pensó Nérida fue en sirenas. No andaba muy lejos.
            -“Por lo que veo no iréis con las manos vacías.”
Diciendo eso salió de su refugio. Para sorpresa de los chicos se trataba de una Naga; mujeres con cola se serpiente en lugar de piernas. Son criaturas hermosas, pero peligrosas. Toda su piel estaba cubierta de unas escamas verdosas y su cabello era de tonos azules.
            -“Debéis tener cuidado. Hace tan solo unos días enviaron a través del portal unos elementales de agua que intentaron destruirlo. Me encargué personalmente de ellos.”- una sonrisa picara se dibujo en su cara.
En ningún momento sus labios se despegaron, y Carlos se dio cuenta de eso. La mujer se echó a reír.
            -“Estoy en tu mente chico. Bueno, en realidad en la de todos. Es la única forma de comunicarse si estas rodeado de agua...”
Nadó cerca de ellos hasta alcanzar el portal que se encontraba en el centro de una gran cueva. en el centro de ella había un laguito pequeño que hacia de entrada. al salir  la superficie la burbuja desapareció y pudieron acercarse a lo que parecía ser su transporte. Un gran arco dorado con inscripciones en un color rojo intenso se alzaba imponente ante ellos, protegido por los altos muros de piedra que formaban la cueva. Nérida lo rodeo tratando de descubrir su secreto. Nada. Tras el arco no había nada especial. A través del se miraba siempre la misma imagen, una constelación de estrellas en un cielo negro. Cinco estrellas pequeñas rodeaban a una sexta estrella muy brillante. El Mago Sin Nombre apoyo su mano en el arco.
            -Cobez Ikuinen
Lentamente la imagen se modifico. Al otro lado, en el claro de un bosque, una anciana salió de una cabaña y se dirigió al portal. Era una mujer de baja estatura, con el pelo largo completamente blanco y los ojos verdes.
            -No te lo tomes mal Yunuen pero espero no volver a verte por aquí.- dijo El Mago Sin Nombre, ya que no volverían a cruzar este portal, a no ser que ocurriera algo grave y tuvieran que huir.
            -Hasta nunca amigo. Adiós señorita.- dijo mirando a la naga y guiñándole un ojo
            -“¿Señorita?”-una gran carcajada inundó sus mentes.- “Te recuerdo que tengo tantos años como este portal mago, nunca alcanzarías a conocer mi verdadera edad”
            -Venga viejo, deja de flirtear. ¿No ves que es inalcanzable para ti?- interrumpió Aremi.- ¿que os parece si cruzamos el portal?
Nérida y Carlos no pudieron ocultar sus carcajadas. Aremi le tendió una mano a Nérida y la arrastró a través del portal, seguidos de Carlos y Yunuen.
La anciana los recibió con alegría, sobre todo a Aremi, a quien le dio un enorme beso en la frente. El chico forzó una sonrisa y puso los ojos en blanco mientras la mujer le agarraba con fuerza una mejilla.
            -No sabéis cuanto me alegro de veros. Podéis descansar unos días en la cabaña del río, es pequeña pero tiene camas suficientes. Ya conocéis el camino.
Dirigió la mirada hacia unos arbustos. Uno de ellos tembló, sus raíces se separaron de la tierra lentamente, desplazándose y situándose cerca de Nérida, para agarrar su mano con una pequeña ramita. Unos ojos amarillos en el centro de su tronco no apartaban la mirada de la chica. Esta no se atrevía a moverse.
            -No te preocupes querida. Es un elemental del bosque, aun es muy joven para dañar a nadie.- se despidió del grupo y entro de nuevo en la caseta. esa ultima frase no calmó para nada a Nérida.
Siguieron un sendero que se alejaba del portal. No tardaron mucho en llegar al refugio. Se encontraba situado entre los troncos de unos arboles tan altos que no alcanzaban a ver su copa. La construcción era de madera vieja y tenia cerca un río caudaloso y cristalino que le proporcionaba agua. El elemental soltó a la muchacha y se acercó al río hundiendo sus raicitas en el agua. Sus hojas se tornaron más verdes. Regreso a junto de Nérida y le agarro la mano. La chica no pudo evitar sonreír a la criatura, y esta se agito alegremente.
Entraron en el refugio. Era demasiado sencillo; una sola estancia en la que se comía y se dormía. A un lado había cinco camas con mantas viejas. Al otro, la cocina, con una pequeña chimenea que calentaba la zona y hacia a la vez de hogar. Una mesa con sus sillas y un mueble con una vajilla completaban esa zona. La pared del fondo tenía un par de estanterías y unos libros. Utilizaron lo que quedaba de día para descansar. Rápidamente se quedaron dormidos y el elemental se recostó cerca de Nérida.

domingo, 14 de octubre de 2012

Capítulo 4: Explicaciones y lágrimas.


-Os parecerá un cuento de niños seguramente y pensareis que estoy loco, pero todo lo que os contaré es cierto y lo comprobaréis con el paso del tiempo. Existe una profecía que habla de ocho grandes magos, uno por cada tipo de magia que existe. Estos magos pertenecen al Reino Ikuinen, uno de los 5 reinos de la diosa Akame. La Tierra es el quinto de los reinos. Ikuinen era gobernado por el rey Lousntak, un elfo de la noche, pero este fue asesinado y entramos en una gran guerra que amenaza con destruirnos.-comenzó Yunuen.

-Los ocho magos están destinados a acabar con esta guerra, trayendo de nuevo la paz a todos los reinos. – Continuó Aremi.- La mayoría de estos magos continúan en Ikuinen, pero algunos fueron enviados a otros reinos. Permanecen a salvo ocultos de los enemigos hasta que sus poderes comienzan a mostrarse. En ese momento es fácil localizaros. La mayor parte de esos magos saben usas sus poderes y pueden defenderse, en cambio vosotros no. La población de este reino desconoce nuestra existencia y la de la magia, con lo cual no saben como utilizarla. Por eso os atacaron en el restaurante, so teníais como defenderos y erais un blanco fácil.

-¿Pretendes decirnos que somos dos de esos ocho magos?- dijo Nérida

-Sabemos que tu si lo eres, niña. Mostraste tus poderes intentando defenderte, pero no sabemos si tu amigo lo es.

- Si que lo sabemos viejo. Como me dijiste, dudo mucho que lo dejaran vivo si no lo fuera. – Afirmó Aremi -Nérida tu elemento es el agua. Durante la pelea en el restaurante  generaste una especie de barrera compuesta de ella, ¿lo recuerdas?-Nérida lo negó con la cabeza.

-La existencia de esta profecía no la conoce todo el mundo, ni siquiera los portadores de la marca. Solo tienen acceso a ella los sacerdotes de los templos y otros ocho magos, entre los que nos encontramos Aremi y yo. Nosotros nos encargamos de buscaros y enseñaros todo lo que debéis saber. Nérida yo me encargaría de tu entrenamiento ya que, al igual que tu, mi elemento es el agua. El entrenaría al mago que posea la magia de aire- dijo señalando a Aremi- y lo mismo ocurriría con el resto de magos y de entrenadores. Tenemos un total de dos magos localizados contándote a ti. Y conocemos la posible localización de un tercer mago. Pronto partiremos en su búsqueda y vosotros nos acompañareis.

-¡Que os hace pensar eso!- grito Carlos lleno de ira y aterrado- No pienso acompañaros a ningún lado. ¡Regresare a mi casa y no me lo podéis impedir!

Los dos magos se miraron. Ofrecieron a Carlos y a Nérida la posibilidad de no seguirlos.

-Muy bien. Si es eso lo que quieres chico yo mismo te llevaré a casa. Pero te aviso, sus padres ya no están. Los mercenarios acabaron con su vida, y posiblemente te estén esperando en tu mansión. –tras decir eso Aremi se puso en pie.

Con un chasquido aparecieron en la entrada de su casa. Los magos estaban de pie pero los chicos perdieron el equilibrio y estaban sentados en el frío suelo. La puerta de la casa estaba abierta. Un escalofrío recorrió la espalda de la chica, que dirigió una mirada a los magos, se apreciaba en sus rostros que estaban tensos. Carlos se levando y se encamino hacia la puerta.

-¿Hola?- dijo entrando en la casa. Las ventanas y las cortinas estaban cerradas. Todo se encontraba sumido en una completa oscuridad pero eso no impedía al chico avanzar con seguridad. De pronto tropezó con algo y se cayó al suelo. Apoyándose en la pared se levando y encontró el interruptor de la luz. Al encenderla se encontraron en un largo pasillo excesivamente decorado, pero lo que mas destacaba allí en ese momento era una de sus niñeras que yacía muerta en el piso. En su cuerpo no había ninguna marca de violencia, solo un símbolo que parecía estar grabado con fuego en su pecho, antes cubierto por un jersey de lana gris. 

- Esto es obra de un demonio Haboryn o demonio de fuego. – Aseguró Yunuen.- Deberíamos irnos de aquí ya.- Antes de que pudiera terminar la frase se abalanzó sobre el la mujer que ataco a Nérida en el restaurante. Esta vez no la cubría ninguna capa.  Sus piernas eran mas cortas de lo normal y terminaban en unas enormes garras afiladas. De su espalda brotaba lo que parecía ser una larga cola también escamosa de alrededor de dos metros y un par de alas membranosas demasiado pequeñas para su cuerpo.

- Esztosz chicosz nosz pertenecen viejo mago. Noszotrosz losz encontramosz primero y szi no se losz llevamosz a nuesztro szeñor no recibiremosz szu recompensza. Si nosz permitesz llevarlosz podemosz compartirla. ¿Te apetece negociarlo?- lentamente se dibujaba en su cara una sonrisa pícara, entreabriendo los labios dejo ver una fina lengua bífida.

-Sabes de sobra que no haré eso. – rápidamente Yunuen lanzó lo que parecía ser una esfera de agua que se materializó en sus manos. La mujer lo esquivo y usando su cola a modo de látigo intento golpearlo, pero una barrera del líquido protegía al mago. Aremi envolvió con un movimiento ligero de sus manos a la mujer en un torbellino de aire que amenazaba con ahogarla, para que después Yunuen la inmovilizara con ayuda de una cortina rasgada.

-No creo que estés aquí sola. ¡Dime donde esta tu compañero maldito demonio!- gritó Aremi. La mujer retrocedió asustada para luego revelar que el otro mercenario estaba aun en el restaurante.

-Szeguimosz órdenesz nada mász. Por favor no me matesz!. Dejadme libre y osz diré algo szobre el chico, pero no me matéisz.

-De que se trata. ¡Habla, rápido!- dijo Yunuen, mirando de reojo a Carlos y seguidamente a Aremi.

-El chico esz un mago. ¡Nuesztro szeñor nosz lo dijo! No conoce aun szu elemento pero esta szeguro de que lo esz. Losz quiere vivosz, no sze eszactamente para que, pero por la recompensza yo haría lo que fuera. Ya cumplí con mi parte del trato, ahora...¡cumplir vosz la vuesztra y szoltarme!-Yunuen ahogó al engendro rodeando su cabeza con una esfera de agua sin darle tiempo a decir nada más.

-No podemos arriesgarnos a dejarla ir. Podría delatar nuestra identidad. Ahora debemos irnos. Nérida ¿quieres ir a tu casa? Ocurrirá lo mismo que aquí. Te la encontraras vacía.

La chica negó con la cabeza. Había observado cada movimiento con interés. En un principio no creía esa historia pero ahora solo podía pensar en buscar protección. Carlos mientras tanto parecía estar en otro mundo. Seguía mirando hacia la niñera mientras por su mejilla rodaba una lágrima. Esa mujer fue para el como una madre. En cuestión de días su vida había cambiado. Pasó de tenerlo todo a no tener nada y a perder el poco cariño que había recibido desde niño. Mirando a Nérida de arriba a abajo se paro a pensar en porque ella se mostraba tan firme, también acababa de perder a su familia pero su rostro estaba completamente sereno, y parecía querer seguir a los dos hombres a donde sea. Aremi agarró a los chicos por un brazo para regresar de la misma forma al apartamento. Nuevamente perdieron el equilibrio, pero esta vez aterrizaron en el pequeño sofá azul del pisito.

-En dos días partiremos hacia nuestra base en Ikuinen. Tenéis tiempo para decidir si os quedáis aquí o nos acompañáis.- tras terminar la frase Yunuen se encamino hacia la cocina y Nérida lo siguió. Quería preguntarle como podía manejar el agua de ese modo y que significa el símbolo de su collar. La curiosidad la estaba devorando. En cuestión de segundos formulo mil y una preguntas dejando al hombre boquiabierto con su curiosidad. A pesar de eso obtuvo pocas respuestas.

-Pequeña, ya te enseñare a manejar tus poderes en cuanto estemos en la base. En cuanto al símbolo….es el símbolo del agua. Si eres en realidad una de los ocho magos en poco tiempo debería aparecer grabado en tu piel.- esa fue lo ultimo que hablaron en todo el día.

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 3: A salvo.



Esta vez la pesadilla no la atormentó.  Tenía la sensación de haber dormido durante años. Al abrir los ojos vio a Carlos sentado en el borde de la cama. Cuando iba a hablarle él le tapo la boca.
-Shhhh…calla y escucha.- Alguien discutía fuera se la habitación.
-¡Sabes tan bien como yo que son dos de los ocho magos de la diosa! –la voz parecía la de un chico joven.
-Aremi, no es seguro…. No podemos sacar conclusiones precipitadas. Esto no admite ningún tipo de equivocación.-la segunda voz era mas ronca, sin duda la de un hombre mucho mayor.
-No me lo puedes negar Yunuen. Acudimos al lugar porque sentiste que se liberaba una gran cantidad de energía. Y lo sentiste porque la chica maneja la misma magia que tu. ¿Tengo que recordarte lo que vimos en cuanto llegamos? ¡Un escudo de agua! Eso fue lo que la salvo, y…. ¿de donde provenía?
- De ella… no lo puedo negar, pero si es ella lo sabremos. Después del primer hechizo es cuando aparece la marca. Hay que observarla.
-¿y que haremos con el chico? El no muestra ningún signo.
-Aremi a veces me sorprendes. ¿Crees que también cogerían al chico si fuera un simple humano? Mago más te vale usar esa cabezota que tienes o no llegaras muy lejos.
-Tienes razón… lo harían desaparecer como al resto. ¿Como estaba la chica? Lleva tres días durmiendo. El chico se despertó pero ni habla ni come.
-Ella esta bien. Termine de curar sus heridas y me asegure de que descansara tranquila alejando esas pesadillas de su mente.
-¿Qué pesadillas?
-No seré yo quien hable de eso. Vete a ver como están.
Nérida no entendió nada de la conversación. Mientras la escuchaba recorrió la habitación con la mirada. Dos camas idénticas y una gran mesilla era lo único que la llenaba. Ni un cuadro, ni una lámpara… nada. La puerta se abrió para dejar pasar a un joven que al ver a los chicos les dedico una sonrisa y les ofreció un vaso de agua a cada uno. El joven tenía 24 años. De cuerpo esbelto, alto y delgado. Vestía unos pantalones negros y una camiseta azul. Su pelo y su piel eran oscuros, mientras que sus ojos eran de un color gris muy claro. A Nérida le parecían plata. Su rostro era alegre y de rasgos suaves, al igual que su carácter, aparentemente tranquilo. De su cuello colgaba una cadena con una pequeña bolsa del mismo color que sus ojos. En ella había grabado un símbolo desconocido para ellos.
-Me alegro de que estés despierta. Pasaste tres días durmiendo y nos preocupaban tus heridas.
-Tu nos ayudaste en el restaurante.- logró decir Nérida.
-Si. Yo y mi amigo Yunuen os sacamos de allí. No nos costó mucho. ¿Puedes hacerme un favor? Haz que el chico hable.- le guiñó un ojo
-No suelo hablar con desconocidos.- respondió Carlos de mala gana
-Ahora ya se dos cosas de ti. Eres un mal criado y un desagradecido.- soltó una gran carcajada- Yunuen, el chico ya habla.
El hombre al que se dirigía era todo lo contrario a Aremi. Su rostro era serio, marcado por la edad. Sus ojos, de un azul muy oscuro, rebosaban sabiduría. Su pelo, largo y canoso, estaba recogido en una larga trenza que le llegaba hasta la mitad de la espalda. A pesar de la edad y de su ligera cojera, su cuerpo mostraba una gran fortaleza. Vestía unos pantalones y una camisa del mismo azul turquesa y que parecían quedarle grandes. Llevaba un colgante con forma de lagrima del mismo color que sus ojos, con un símbolo grabado que llamo la atención de Nérida. Puso sobre la mesilla unos platos humeantes que les recordaron el hambre que tenían.
- Deberíais comer esto. Esta caliente y os sentara bien. Descansad durante lo que queda de tarde. Mañana os explicaremos todo lo ocurrido.
Mientras decía esto no levantó la mirada de Nérida, quien empezó a comer rápidamente el caldo caliente que Yunuen les preparo. El y Aremi salieron de la habitación dejándolos solos. Hablaron de lo ocurrido en el restaurante. Carlos solo recuerda los tres dedos que le agarraron el tobillo, pero nada más, y no se cree lo que le cuenta Nérida. Finalmente, bien entrada la noche, el cansancio pudo con ellos.

Horas después, Carlos abrió los ojos y vio que la chica seguía durmiendo. Lentamente y en silencio salió de la habitación y se dirigió hacia la cocina. Yunuen le dio los buenos días y le sirvió una taza de café.
-Buenos días chico. ¿Cómo te encuentras?
-Buenos días. Aun estoy algo cansado. ¿Nos daréis hoy una explicación para toda esta locura?
-Claro que si, - le contesto el viejo - pero tendrás que esperar a que despierte tu amiga.
Nérida no tardó mucho en aparecer en la cocina. Desayuno con rapidez y se sentaron todos juntos en una pequeña salita. Segundos después llegó Aremi para acompañarlos.
- Por donde empezar…
-¿Que tal si empezamos desde el principio?- dijo Aremi.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capítulo 2: Escamas y colmillos.


-¡Este maldito chofer francés no se entera de nada! ¡Deberíamos estar en nuestra mansión e ir a ese restaurante tan famoso! ¡En lugar de eso estamos en este antro! ¡En cuanto tenga un teléfono cerca haré que el camarero haga un par de llamadas, despediré a este idiota y contratare a alguien más inteligente! ¿Que miras niñata?- dijo señalando a Nérida-  Tráeme un teléfono y lárgate de mi vista. Pero que digo, si seguro que la pobre no me entiende- se le escapo una leve risita. Carlos llamó con este espectáculo  la atención de todos pensando que nadie lo entendería.
Nérida le dirigió una mirada llena de ira. Ella si que entendía su idioma y no pudo evitar contestarle de la misma forma grosera que él le dedicara a ella.
-¡Para empezar tienes un teléfono a tu derecha y si quieres usarlo ya sabes como hacerlo! Si no te agrada este sitio ya sabes donde esta la puerta, en el mismo sitio, de momento no se mueve. Te entiendo perfectamente y seguramente hablo más idiomas de los que llegaras a hablar tú en toda tu aburrida vida y el único niñato que hay aquí eres tú, parece que te gusta llamar la atención de todos con tus caprichos.
 La cara de Carlos mostraba una gran confusión. Jamás le habían hablado de ese modo. ¿Quién es esa chica y quien se cree que es para hacer eso? En ese momento entraron los padres del chico por la puerta. La mujer le dedico una amplia sonrisa y le pregunto donde podrían sentarse. Nérida les mostró una mesa amplia situada cerca de la chimenea,  les dio un par de menús, tomó nota y se encamino hacia la cocina para contarle todo a su tía. Le dio la nota y le contó todo lo ocurrido mientras esta cocinaba.
Un escalofrío recorrió la espalda de los chicos al mismo tiempo y segundos después la luz del restaurante se apagó.
-Tía, ¿Qué ha ocurrido?
-Debe ser la tormenta. Iré a fuera a ver los diferenciales, puede que les haya afectado. Vengo ahora.- era la voz ronca de su tío, que al poco tiempo ya se vistiera el impermeable y saliera por la puerta.
-Cielo vete a ver como están los clientes y explícales lo ocurrido
-Enseguida vuelvo tía
Llegó a la sala sin tropezar con nada y al abrir la puerta lo único que se escuchaba era la voz del chico llamando a sus padres. Le pregunto desde allí a su tía si faltaba mucho para que volviera la luz pero no recibió respuesta alguna. La situación empezaba a asustarla y decidió buscar al chico, en ese momento vio que incluso la chimenea se había apagado. De pronto la zona se ilumino progresivamente, ambos miraron hacia el techo y se encontraron con algo que los sorprendió. Una esfera roja flotaba sobre sus cabezas iluminando toda la zona. Nérida aprovechó la ocasión para buscar al resto de los clientes pero no vio a nadie, solo estaban ella y Carlos, que se quedo sorprendido cuando vio únicamente los abrigos de sus padres donde antes estaban sentados. La esfera se apagó durante una milésima de segundo y se volvió a encender. En ese pequeño instante aparecieron en la sala dos personas cubiertas completamente por  unas capas de color caqui. La diferencia de tamaño entre ellos era abismal. Mientras uno superaba fácilmente los dos metros el otro escasamente llegaba al metro cincuenta. Sin darles tiempo a reaccionar, el más robusto agarro a Carlos del tobillo elevándolo de una forma tan bruta que el chico llevó un gran golpe en la cabeza perdiendo el conocimiento. Mientras eso ocurría, el otro sujeto se colocaba delante de Nérida, que reaccionó agarrando el atizador de la chimenea. Una risotada chillona salió de la boca de la mujer mientras dirigía sus manos hacia la chica. Asustada, Nérida asesto un golpe que para cualquier otra persona resultaría crítico, pero que para la mujer no. Simplemente rasgo la capa permitiendo ver sus rasgos. Su pelo era negro y cardado, y los ojos completamente negros, no se diferenciaba la pupila del resto. Su piel era  roja y escamosa y todos sus dientes eran afilados como colmillos. Nunca había visto nada parecido. Sus piernas comenzaron a temblar sin remedio mientras buscaba en el suelo el atizador.
-¿Buscas esto?- la voz chillona de la mujer la sorprendió de nuevo. Sujetaba el arma con una mano que solo poseía tres dedos. La mirada de esa criatura paso de ser burlesca a estar cargada de ira. Sin ninguna dificultad doblo la barra y se dispuso a atacarla de nuevo intentando asestarle un puñetazo, pero algo se interpuso en su camino. Una barrera semitransparente apareció entre las dos. No frenó el ataque, pero si lo ralentizó hasta un punto que le permitió esquivarlo sin dificultad tirándose al suelo. Nérida no entendía nada y sentía como poco a poco se le escapaban las fuerzas, como si hubiera realizado un esfuerzo demasiado grande. Lo único que alcanzo a ver fue como segundos después aparecían otras dos personas en la sala que, sin saber como y a una velocidad increíble, hicieron desaparecer a sus agresores. Ágilmente se acercaron a ella, descubrieron su rostro y dijeron algo que no pudo entender y que sonaba cada vez mas distante. Solo sabía que estaba a salvo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 1: Dos vidas diferentes


-¿Cuánto falta para llegar al hotel Robert?
-No debería faltar mucho señor.
Era el tercer viaje que Carlos realizaba con sus padres a Francia. Se trata de un chico alto, delgado, de rasgos serenos, al contrario que su carácter. Heredó el cabello castaño de su padre y los ojos verdes de su madre. Muchos lo definen con una sola frase: niño mimado. Él no lo niega.  Pasó su vida viajando debido al trabajo de su padre y nunca fue atendido por su madre como debería, pero a pesar de eso nunca le faltó nada. Tenía la completa atención de los criados y las niñeras, y poseía con una sola orden todo lo que quería, es lo bueno del dinero. Pero aun así sabía que eso traía consigo algunas consecuencias, como el hecho de que sus amigos eran todos por interés,  a ellos les interesaba tener un amigo rico, y a él le interesaba tanto como a su padre tener ciertos amigos buenos para los negocios. Se preocupa por la empresa tanto como su padre o incluso mas, ya que el será el futuro heredero de su imperio.
El chico tiene desde hace un mes  17 años. Al pertenecer a una familia muy adinerada  eso significaba tener un coche nuevo.  Decidió viajar a Francia con sus padres con el simple propósito de adquirirlo allí. Se dirigían hacia un pueblo alejado de la capital en el cual las familias mas importantes (incluyendo la suya) compraban porciones de terreno para construir sus enormes casas veraniegas. Carlos y su mayordomo personal, Robert, van en un gran coche conducido por un chofer francés contratado para la ocasión, mientras que sus padres los siguen  en el coche de atrás con un chofer que trabaja para la familia desde que él tiene memoria. De pronto el chofer balbuceó algo en francés.
-Roberto  tradúcelo por favor.
- Dice señorito que cree que dejó atrás el cruce, y que estamos lejos del pueblo.

Carlos hablo con sus padres y estos le dijeron que cenarían en un restaurante de la zona, que ya era muy tarde y después, en cuanto se calmara la tormenta, darían la vuelta. A pesar de que eso no le agradaba no pudo hacer otra cosa que aceptarlo, el saber que días después tendría las llaves de nuevo coche en sus manos lo reconfortaba. El francés les recomendó un restaurante familiar que a simple vista no llamaba mucho la atención  pero que, según el,  la comida seria un pedacito de cielo. Carlos seguía la conversación con una ceja arqueada, ¿a que restaurante mediocre lo estarían enviando?


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Nérida vivía con su familia desde los 2 años en Canadá. Todos los años sus padres viajaban con ella y con su hermano a la India, su país de origen, para que pudieran celebrar sus cumpleaños con la abuela. Por suerte ambos cuadraban en el mismo mes, con tan solo dos semanas de diferencia. Ese año su hermano cumpliría los dieciséis años y ella los ocho. Durante el viaje el coche que conducía su padre se vio en medio de un accidente  provocado por un matón a sueldo que intentaba asesinar al conductor  que llevaban delante. Lo primero que escucharon fue el tiroteo. La primera de las balas alcanzo al conductor desconocido en la nuca, provocando su muerte y que su coche diera giros bruscos. La segunda bala rompió el parabrisas del coche en el que ella viajaba. Nérida se encogió del susto cubriéndose con sus pequeñas manos. Una tercera bala alcanzo a su hermano en el cuello lo que hizo que la niña quedara completamente paralizada. El resto se perdieron en el aire. Los gritos de su madre pidiéndole a su hermano que no los dejara  eran susurros cada vez más distantes. De pronto su padre perdió el control del coche debido a la velocidad, la falta de visibilidad y los giros descontrolados del otro coche. Cuando Nérida alzo la vista solo vio un gran muro al que se acercaban con demasiada rapidez….
Un trueno la despertó de golpe. Se había quedado dormida mientras doblaba los manteles recién lavados. Llevaba noches sin dormir, esa pesadilla la acosaba. Una vez mas sus ojos estaban húmedos. Su tía entro por la puerta para pedirle que atendiera a las personas que estaban a punto de entrar. Al verla así la abrazo con todo el cariño que podía darle, la consideraba una hija más. Nérida tiene ahora dieciséis años, pronto cumplirá los diecisiete. Vive en Francia con sus tíos y les ayuda con el restaurante que compraron allí. No es tan lujoso como los restaurantes de la capital pero es un sitio muy agradable y muy cálido, y el sabor de sus comidas hace que los que van una vez quieran repetir. Salió de la cocina para dirigirse a la entrada y ofrecer a los recién llegados la mesa adecuada. Un chico de pelo castaño y ataviado con un impecable traje entro por la puerta dando gritos en un idioma que ella conocía. Rápida y decidida, intervino para acabar con ese alboroto.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Prefacio:Vestigio de una profecía

Se encontraban en una enorme sala construida totalmente de ónix, a la cual solo tenía acceso la sacerdotisa suprema del templo: Unua. El alto techo abovedado era sostenido por columnas que parecían plata, las paredes estaban llenas de runas doradas y al fondo se erguía un gran altar que parecía brillar con luz propia. Hecha completamente de oro, la enorme mesa servía para realizar los sacrificios y las oraciones a la diosa creadora, Akame. Este tesoro se encontraba en la parte más profunda del oscuro edificio, tras una gran puerta de roble custodiada por parte del Ejército de Ónix.
-Escúchame con atención criatura, esta es la famosa sala de la diosa madre. Solo yo puedo entrar aquí - dijo alzando la llave de la vida que llevaba colgada del cuello- pero de ahora en adelante eso cambiará, tu también podrás. En sus paredes de ónix se encuentran grabados en oro miles de años de nuestra historia. Con el tiempo conocerás todo esto al detalle y sabrás al fin quien eres, de donde vienes, y cual es tu destino.
La sacerdotisa miró por vez primera el rostro de la niña a la que se dirigía. Para su sorpresa se encontró con unos ojos negros que mostraban un profundo interés por todo lo que decía. Su sucia túnica negra estaba completamente rota y llevaba el pelo enmarañado . Se podía observar a simple vista a que raza pertenecía. Eses ojos y ese cabello completamente blanco, a pesar de su tierna edad, eran característicos de sus enemigos, los Drow, causantes de la cruel guerra en la que encontraban inmersos. Le pareció extraño el hecho de que la niña no mostrara temor ante la mujer que acababa de asesinar a su madre. ¿Se daría cuenta de que lo hizo para salvarla de una muerte segura? Si no lo hubiera hecho la pobre niña moriría a manos de su propia madre por la prosperidad de su raza. ¿Cómo se iba a comprander su situación? ¿Cuántos años tendría? Aparentaba unos cuatro años, pero dudaba de eso, no pronuncio ni una sola palabra en ningún momento. Cualquier otro niño de su edad estaría llorando o haciendo preguntas sin sentido. Ella mientras tanto se limitaba a seguir a la mujer con la vista mientras trataba de esconder los arañazos de su oscura piel. La sangre había resbalado hasta secarse, manchando la túnica y lo que quedaba de sus zapatos de cuero gastado. El cinturón que anteriormente había sujetado la sucia tela a su delgado cuerpo estaba roto y amenazaba con desprenderse en cualquier momento, dejando caer con el la pequeña bolsa negra que sostenia.
Unua dirigió sus pasos hacia el majestuoso altar situado en el centro de la sala. Se giro mirando a la niña que permanecía inmóvil y le dedico una leve sonrisa. Los ojos de esta se iluminaron, entendió que debía seguirla y rápidamente puso en movimiento sus pequeños pies descalzos. La mujer supo que podía continuar.
-Este es el altar principal, y tras él se encuentra el que sin duda alguna es el tramo mas importante de todo el grabado. En esta zona se narra la creación de nuestro mundo, de nuestra magia y su división por parte de nuestra diosa Akame. Aquí está…-dijo señalando una zona concreta del grabado, situada entre las manos de una gran estatua- Existen ocho tipos de magia, fuego, agua, aire, hielo, tierra, naturaleza, la de la vida y la de la muerte, también conocida como necromancia. Esta última es la magia para la que tú has nacido pequeña, tú eres uno de los ocho elegidos para guiar este mundo en guerra.

Al decir esto no pudo evitar pasar sus dedos por la marca negra que diferenciaba a la niña de los demás. Nació con ella y morirá con ella…