Ocho vidas destinadas a proteger la paz entre las razas de Akame....
ocho magias unidas que cumplirán una profecía...
ocho caminos enlazados con un mismo destino...
ocho vidas y...
una muerte

domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 5: El viaje.


Llegado el día de la partida se podía notar a simple vista la agitación de los magos. Tenían muchas cosas que preparar y el tiempo escaseaba. Decidieron ir a buscar a primera hora de la mañana algo de ropa para para Carlos y Nérida a sus respectivas casas.
-Poneros ropa y calzado cómodos. Pasaremos el día caminando.- dijo Yunuen.-  Coged unas mudas para poneros mas tarde, pensad que no sabemos cuando regresaremos.
Llenaron dos mochilas cada uno con lo esencial y se cambiaron de ropa. Mientras tanto, Aremi llamaba a un taxi desde la mansión de Carlos.
-¿A donde nos dirigimos? – dijo Carlos. No había abierto la boca desde hace días. Aun no se creía nada de lo ocurrido. En poco tiempo paso de tenerlo todo a perder lo mas importante que tenia. Hasta ahora no se había parado a pensar en lo mucho que apreciaba a sus criados…sus únicos amigos. ¿Como es posible que a Nérida no le afecte todo esto? En realidad si lo hacia. Aprendió siendo muy niña a ocultar sus sentimientos para protegerse de alguna manera, y eso es lo que estaba haciendo ante esta situación.
-Vamos a Saint Lary, a la oficina central del parque de los Pirineos. Allí nos veremos con uno de los Magos sin Nombre. Ellos son los encargados de controlar los portales que unen los cinco reinos.-dijo Aremi.
A Nérida le parecía un gran chico, simpático y agradable, además de muy hablador. Compartía con el su pasión por los libros. Mientras ellos hablaban Carlos miraba por la ventana. Cuando se estaban acercando a su destino le pareció ver a lo lejos observándolos al ser que lo agarró en el restaurante. No se sabía nada de él.
-La otra criatura del restaurante…. ¿que o quien era?
- Seguramente era la pareja del demonio que matamos en tu casa. Suelen viajar siempre juntos.- Respondió Yunuen. Carlos… ¿Por qué lo preguntas?-
-Me pareció verlo ahí fuera…observándonos. ¡La diferencia de tamaño entre ellos era abismal!
-Las hembras suelen ser las mas pequeñas. Pero no es siempre así. De hecho… en Ikuinen en muchos casos suele ser al revés. Si nos esta siguiendo quizás es porque nos cargamos a su noviecita.- Aremi termino la frase con una gran carcajada. Nérida y Carlos lo acompañaron y Yunuen les dirigió una mirada severa.
- Estamos llegando. En cuanto os bajéis del coche os pegareis a nosotros y ni se os pase por la cabeza alejaros. Un demonio enfadado es más peligroso que diez juntos.
El taxista paro el coche y todos se bajaron cargados con sus cosas. Yunuen hizo el amago de pagar el viaje pero tan solo creó una ilusión ante los ojos del taxista, quien creyendo que le habían pagado arrancó el coche y desapareció. Se encontraban ante una pequeña torre hecha toda ella de piedra. “Parece salir de un cuento” pensó Nérida. En la puerta había un cartel: oficina de turismo. Al entrar se encontraron con una mujer joven que se dirigió a Yunuen en un idioma desconocido para los chicos. Yunuen le respondió en el mismo idioma, la mujer se levando de su silla y entro en un despacho. Poco después salió indicándoles que podían pasar. La habitación resulto ser agradable. Contaba solo con una chimenea pequeña, un escritorio, un par de sillas y varias estanterías con grandes carpetas. Tras el escritorio estaba sentado un hombre de mediana edad que se levantó y le estrecho la mano a Yunuen.
-Me alegro de verte viejo amigo. Hace ya unos 17 años que no se nada de ti. Encontraste lo que buscabas por lo que veo.
-Encontramos a dos de los miembros de la profecía. Por suerte la chica, Nérida, maneja mi misma magia.-No pudo evitar esbozar una sonrisa
-El chico aun tardará un tiempo en mostrar su habilidad…pero no consigo ver cual es.-Dijo el Mago sin Nombre observando a Carlos con curiosidad. Posee una habilidad que le permite saber todo sobre una persona con una simple mirada directa a sus ojos - Supongo que vais a cruzar el portal. ¿Me equivoco?
-Nos gustaría que nos llevaras hasta allí, pero debemos ir con cuidado, Carlos cree haber visto uno de los demonios Haboryn que los atacaron.- Intervino Aremi.
-Muy bien. Espero que vengáis cómodos. La última parte del camino la recorreremos a pie.- Dicho esto se dirigió a la puerta y hablo con la mujer otra vez en aquel extraño idioma. Aremi les explicó mientras que ese es el idioma común de los Ikuinitas, y que tendrán que aprenderlo con el tiempo. Cinco minutos después apareció un coche en la entrada del edificio. Entraron en el y durante dos horas circularon por estrechos caminos sin asfaltar. Se encontraban en plena naturaleza, rodeados de arboles y animales salvajes. La mayor parte del camino era ascendente y en muchos tramos se deslizaba entre bosques o cañones rocosos. Estos últimos no le inspiraban a Nérida confianza, mientras que a Carlos parecían cautivarlo. En ninguno de sus viajes había visto nada parecido, estaba rodeado de paredes de roca tan altas como los edificios de las capitales que frecuentaba. Su rostro se tenso de pronto. Por un momento le pareció ver al ser que los ataco en el restaurante. Aremi también lo vio pero no dijo nada. Poco después el camino se estrechaba tanto que tuvieron seguir a pie entre los arboles.
-Hace años que nadie pasa por aquí así que el camino va a ser muy abrupto. No os alejéis, aunque estemos aun en la Tierra aquí viven criaturas de Ikuinen que protegen el portal. Si no estáis conmigo os considerarán enemigos y os atacarán. – dijo el Mago sin Nombre
Acto seguido cogieron sus cosas y comenzaron a andar. Al mediodía pararon en un claro a descansar y a comer algo. Ya se encontraban cerca del portal. En ese momento voló sobre sus cabezas una criatura que dejó a Nérida y a Carlos boquiabiertos, asustados por su tamaño y conmovidos por su belleza. Una descomunal libélula de colores muy vivos en tonos violetas voló sobre ellos con tranquilidad. Yunuen y Aremi parecían disfrutar con las caras de los chicos.
-Aunque parezcan delicadas no os dejéis engañar.- Dijo El Mago.- Esas criaturas ya han acabado con demasiadas vidas.
En el momento en que terminaba de hablar la hoguera pareció cobrar vida. Una enorme lengua de fuego se alzó sobre sus cabezas amenazando con quemar todo. Aremi empujo a los chicos alejándolos del fuego mientras Yunuen frenaba el primer ataque con una espiral de agua que envolvió la llama. La apagó fácilmente, pero se formo una neblina por culpa del vapor. Cuando se dispersó ante ellos estaba el demonio de fuego. Sus ojos, anteriormente negros, eran de un color rojo incandescente, y mantenía la cola en alto en señal de amenaza. Formo en sus manos dos esferas de lava fundida que lanzó contra los chicos. Nérida, sin darse cuenta y de forma instintiva, generó otro escudo líquido que los protegió a ella y a Carlos. Nuevamente le supuso un gran esfuerzo. La otra esfera se estrello contra unos arboles que comenzaron a arder con una furia implacable. Aremi sujetó a Nérida y empezaron a correr dejando sus cosas atrás.
-Por suerte estamos cerca del portal. Se encuentra sumergido en un lago. Allí no nos podrá atacar.- dijo El Mago sin Nombre entre jadeos. Otra esfera se estrelló cerca de ellos, haciendo que Carlos y Aremi perdiera el equilibrio. El mago desvió una lengua de fuego con un tornado que se interpuso en la trayectoria  Siguieron corriendo hasta llegar al lago. Se encontraba entre paredes rocosas y, a su vez, rodeado por una espesa vegetación, en su mayoría arboles de una altura vertiginosa. Con su tamaño colosal y su agua cristalina el lago escondía más secretos de los que se imaginaban los chicos.
-¿Soy yo el único idiota que se preocupa por saber como llegar al portal?- Dijo Carlos, presa del pánico.
-Aremi, genera una burbuja de aire que nos cubra en cuanto entremos en el lago. Yunuen, tu provocaras corrientes que nos lleven hacia el portal. Una vez allí ya no hará falta la burbuja. ¡Venga! No os paréis.- grito El Mago.
Nérida no sabía si seguirlos, pero de nuevo el demonio apareció tras ellos y se vio obligada a sumergirse. En cuestión de segundos Aremi formó una burbuja que les permitía respirar y hablar.
-Yunuen, el portal esta en el centro del lago, en la zona mas profunda. Llévanos hasta allí.- Mientras hablaba realizó un gesto sencillo con la mano. En cuestión de segundos entraron otra vez en calor y su ropa estaba seca.
Se dirigían lentamente hacia una zona llena de algas que se movían con las corrientes cuando la voz de una mujer llamo su atención.
            -“Cuanto tiempo sin veros. ¿Decidisteis regresar a Ikuinen?”
De las algas emergió el torso de una hermosa mujer. Lo primero en lo que pensó Nérida fue en sirenas. No andaba muy lejos.
            -“Por lo que veo no iréis con las manos vacías.”
Diciendo eso salió de su refugio. Para sorpresa de los chicos se trataba de una Naga; mujeres con cola se serpiente en lugar de piernas. Son criaturas hermosas, pero peligrosas. Toda su piel estaba cubierta de unas escamas verdosas y su cabello era de tonos azules.
            -“Debéis tener cuidado. Hace tan solo unos días enviaron a través del portal unos elementales de agua que intentaron destruirlo. Me encargué personalmente de ellos.”- una sonrisa picara se dibujo en su cara.
En ningún momento sus labios se despegaron, y Carlos se dio cuenta de eso. La mujer se echó a reír.
            -“Estoy en tu mente chico. Bueno, en realidad en la de todos. Es la única forma de comunicarse si estas rodeado de agua...”
Nadó cerca de ellos hasta alcanzar el portal que se encontraba en el centro de una gran cueva. en el centro de ella había un laguito pequeño que hacia de entrada. al salir  la superficie la burbuja desapareció y pudieron acercarse a lo que parecía ser su transporte. Un gran arco dorado con inscripciones en un color rojo intenso se alzaba imponente ante ellos, protegido por los altos muros de piedra que formaban la cueva. Nérida lo rodeo tratando de descubrir su secreto. Nada. Tras el arco no había nada especial. A través del se miraba siempre la misma imagen, una constelación de estrellas en un cielo negro. Cinco estrellas pequeñas rodeaban a una sexta estrella muy brillante. El Mago Sin Nombre apoyo su mano en el arco.
            -Cobez Ikuinen
Lentamente la imagen se modifico. Al otro lado, en el claro de un bosque, una anciana salió de una cabaña y se dirigió al portal. Era una mujer de baja estatura, con el pelo largo completamente blanco y los ojos verdes.
            -No te lo tomes mal Yunuen pero espero no volver a verte por aquí.- dijo El Mago Sin Nombre, ya que no volverían a cruzar este portal, a no ser que ocurriera algo grave y tuvieran que huir.
            -Hasta nunca amigo. Adiós señorita.- dijo mirando a la naga y guiñándole un ojo
            -“¿Señorita?”-una gran carcajada inundó sus mentes.- “Te recuerdo que tengo tantos años como este portal mago, nunca alcanzarías a conocer mi verdadera edad”
            -Venga viejo, deja de flirtear. ¿No ves que es inalcanzable para ti?- interrumpió Aremi.- ¿que os parece si cruzamos el portal?
Nérida y Carlos no pudieron ocultar sus carcajadas. Aremi le tendió una mano a Nérida y la arrastró a través del portal, seguidos de Carlos y Yunuen.
La anciana los recibió con alegría, sobre todo a Aremi, a quien le dio un enorme beso en la frente. El chico forzó una sonrisa y puso los ojos en blanco mientras la mujer le agarraba con fuerza una mejilla.
            -No sabéis cuanto me alegro de veros. Podéis descansar unos días en la cabaña del río, es pequeña pero tiene camas suficientes. Ya conocéis el camino.
Dirigió la mirada hacia unos arbustos. Uno de ellos tembló, sus raíces se separaron de la tierra lentamente, desplazándose y situándose cerca de Nérida, para agarrar su mano con una pequeña ramita. Unos ojos amarillos en el centro de su tronco no apartaban la mirada de la chica. Esta no se atrevía a moverse.
            -No te preocupes querida. Es un elemental del bosque, aun es muy joven para dañar a nadie.- se despidió del grupo y entro de nuevo en la caseta. esa ultima frase no calmó para nada a Nérida.
Siguieron un sendero que se alejaba del portal. No tardaron mucho en llegar al refugio. Se encontraba situado entre los troncos de unos arboles tan altos que no alcanzaban a ver su copa. La construcción era de madera vieja y tenia cerca un río caudaloso y cristalino que le proporcionaba agua. El elemental soltó a la muchacha y se acercó al río hundiendo sus raicitas en el agua. Sus hojas se tornaron más verdes. Regreso a junto de Nérida y le agarro la mano. La chica no pudo evitar sonreír a la criatura, y esta se agito alegremente.
Entraron en el refugio. Era demasiado sencillo; una sola estancia en la que se comía y se dormía. A un lado había cinco camas con mantas viejas. Al otro, la cocina, con una pequeña chimenea que calentaba la zona y hacia a la vez de hogar. Una mesa con sus sillas y un mueble con una vajilla completaban esa zona. La pared del fondo tenía un par de estanterías y unos libros. Utilizaron lo que quedaba de día para descansar. Rápidamente se quedaron dormidos y el elemental se recostó cerca de Nérida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario