Ocho vidas destinadas a proteger la paz entre las razas de Akame....
ocho magias unidas que cumplirán una profecía...
ocho caminos enlazados con un mismo destino...
ocho vidas y...
una muerte

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 3: A salvo.



Esta vez la pesadilla no la atormentó.  Tenía la sensación de haber dormido durante años. Al abrir los ojos vio a Carlos sentado en el borde de la cama. Cuando iba a hablarle él le tapo la boca.
-Shhhh…calla y escucha.- Alguien discutía fuera se la habitación.
-¡Sabes tan bien como yo que son dos de los ocho magos de la diosa! –la voz parecía la de un chico joven.
-Aremi, no es seguro…. No podemos sacar conclusiones precipitadas. Esto no admite ningún tipo de equivocación.-la segunda voz era mas ronca, sin duda la de un hombre mucho mayor.
-No me lo puedes negar Yunuen. Acudimos al lugar porque sentiste que se liberaba una gran cantidad de energía. Y lo sentiste porque la chica maneja la misma magia que tu. ¿Tengo que recordarte lo que vimos en cuanto llegamos? ¡Un escudo de agua! Eso fue lo que la salvo, y…. ¿de donde provenía?
- De ella… no lo puedo negar, pero si es ella lo sabremos. Después del primer hechizo es cuando aparece la marca. Hay que observarla.
-¿y que haremos con el chico? El no muestra ningún signo.
-Aremi a veces me sorprendes. ¿Crees que también cogerían al chico si fuera un simple humano? Mago más te vale usar esa cabezota que tienes o no llegaras muy lejos.
-Tienes razón… lo harían desaparecer como al resto. ¿Como estaba la chica? Lleva tres días durmiendo. El chico se despertó pero ni habla ni come.
-Ella esta bien. Termine de curar sus heridas y me asegure de que descansara tranquila alejando esas pesadillas de su mente.
-¿Qué pesadillas?
-No seré yo quien hable de eso. Vete a ver como están.
Nérida no entendió nada de la conversación. Mientras la escuchaba recorrió la habitación con la mirada. Dos camas idénticas y una gran mesilla era lo único que la llenaba. Ni un cuadro, ni una lámpara… nada. La puerta se abrió para dejar pasar a un joven que al ver a los chicos les dedico una sonrisa y les ofreció un vaso de agua a cada uno. El joven tenía 24 años. De cuerpo esbelto, alto y delgado. Vestía unos pantalones negros y una camiseta azul. Su pelo y su piel eran oscuros, mientras que sus ojos eran de un color gris muy claro. A Nérida le parecían plata. Su rostro era alegre y de rasgos suaves, al igual que su carácter, aparentemente tranquilo. De su cuello colgaba una cadena con una pequeña bolsa del mismo color que sus ojos. En ella había grabado un símbolo desconocido para ellos.
-Me alegro de que estés despierta. Pasaste tres días durmiendo y nos preocupaban tus heridas.
-Tu nos ayudaste en el restaurante.- logró decir Nérida.
-Si. Yo y mi amigo Yunuen os sacamos de allí. No nos costó mucho. ¿Puedes hacerme un favor? Haz que el chico hable.- le guiñó un ojo
-No suelo hablar con desconocidos.- respondió Carlos de mala gana
-Ahora ya se dos cosas de ti. Eres un mal criado y un desagradecido.- soltó una gran carcajada- Yunuen, el chico ya habla.
El hombre al que se dirigía era todo lo contrario a Aremi. Su rostro era serio, marcado por la edad. Sus ojos, de un azul muy oscuro, rebosaban sabiduría. Su pelo, largo y canoso, estaba recogido en una larga trenza que le llegaba hasta la mitad de la espalda. A pesar de la edad y de su ligera cojera, su cuerpo mostraba una gran fortaleza. Vestía unos pantalones y una camisa del mismo azul turquesa y que parecían quedarle grandes. Llevaba un colgante con forma de lagrima del mismo color que sus ojos, con un símbolo grabado que llamo la atención de Nérida. Puso sobre la mesilla unos platos humeantes que les recordaron el hambre que tenían.
- Deberíais comer esto. Esta caliente y os sentara bien. Descansad durante lo que queda de tarde. Mañana os explicaremos todo lo ocurrido.
Mientras decía esto no levantó la mirada de Nérida, quien empezó a comer rápidamente el caldo caliente que Yunuen les preparo. El y Aremi salieron de la habitación dejándolos solos. Hablaron de lo ocurrido en el restaurante. Carlos solo recuerda los tres dedos que le agarraron el tobillo, pero nada más, y no se cree lo que le cuenta Nérida. Finalmente, bien entrada la noche, el cansancio pudo con ellos.

Horas después, Carlos abrió los ojos y vio que la chica seguía durmiendo. Lentamente y en silencio salió de la habitación y se dirigió hacia la cocina. Yunuen le dio los buenos días y le sirvió una taza de café.
-Buenos días chico. ¿Cómo te encuentras?
-Buenos días. Aun estoy algo cansado. ¿Nos daréis hoy una explicación para toda esta locura?
-Claro que si, - le contesto el viejo - pero tendrás que esperar a que despierte tu amiga.
Nérida no tardó mucho en aparecer en la cocina. Desayuno con rapidez y se sentaron todos juntos en una pequeña salita. Segundos después llegó Aremi para acompañarlos.
- Por donde empezar…
-¿Que tal si empezamos desde el principio?- dijo Aremi.

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