Ocho vidas destinadas a proteger la paz entre las razas de Akame....
ocho magias unidas que cumplirán una profecía...
ocho caminos enlazados con un mismo destino...
ocho vidas y...
una muerte

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capítulo 2: Escamas y colmillos.


-¡Este maldito chofer francés no se entera de nada! ¡Deberíamos estar en nuestra mansión e ir a ese restaurante tan famoso! ¡En lugar de eso estamos en este antro! ¡En cuanto tenga un teléfono cerca haré que el camarero haga un par de llamadas, despediré a este idiota y contratare a alguien más inteligente! ¿Que miras niñata?- dijo señalando a Nérida-  Tráeme un teléfono y lárgate de mi vista. Pero que digo, si seguro que la pobre no me entiende- se le escapo una leve risita. Carlos llamó con este espectáculo  la atención de todos pensando que nadie lo entendería.
Nérida le dirigió una mirada llena de ira. Ella si que entendía su idioma y no pudo evitar contestarle de la misma forma grosera que él le dedicara a ella.
-¡Para empezar tienes un teléfono a tu derecha y si quieres usarlo ya sabes como hacerlo! Si no te agrada este sitio ya sabes donde esta la puerta, en el mismo sitio, de momento no se mueve. Te entiendo perfectamente y seguramente hablo más idiomas de los que llegaras a hablar tú en toda tu aburrida vida y el único niñato que hay aquí eres tú, parece que te gusta llamar la atención de todos con tus caprichos.
 La cara de Carlos mostraba una gran confusión. Jamás le habían hablado de ese modo. ¿Quién es esa chica y quien se cree que es para hacer eso? En ese momento entraron los padres del chico por la puerta. La mujer le dedico una amplia sonrisa y le pregunto donde podrían sentarse. Nérida les mostró una mesa amplia situada cerca de la chimenea,  les dio un par de menús, tomó nota y se encamino hacia la cocina para contarle todo a su tía. Le dio la nota y le contó todo lo ocurrido mientras esta cocinaba.
Un escalofrío recorrió la espalda de los chicos al mismo tiempo y segundos después la luz del restaurante se apagó.
-Tía, ¿Qué ha ocurrido?
-Debe ser la tormenta. Iré a fuera a ver los diferenciales, puede que les haya afectado. Vengo ahora.- era la voz ronca de su tío, que al poco tiempo ya se vistiera el impermeable y saliera por la puerta.
-Cielo vete a ver como están los clientes y explícales lo ocurrido
-Enseguida vuelvo tía
Llegó a la sala sin tropezar con nada y al abrir la puerta lo único que se escuchaba era la voz del chico llamando a sus padres. Le pregunto desde allí a su tía si faltaba mucho para que volviera la luz pero no recibió respuesta alguna. La situación empezaba a asustarla y decidió buscar al chico, en ese momento vio que incluso la chimenea se había apagado. De pronto la zona se ilumino progresivamente, ambos miraron hacia el techo y se encontraron con algo que los sorprendió. Una esfera roja flotaba sobre sus cabezas iluminando toda la zona. Nérida aprovechó la ocasión para buscar al resto de los clientes pero no vio a nadie, solo estaban ella y Carlos, que se quedo sorprendido cuando vio únicamente los abrigos de sus padres donde antes estaban sentados. La esfera se apagó durante una milésima de segundo y se volvió a encender. En ese pequeño instante aparecieron en la sala dos personas cubiertas completamente por  unas capas de color caqui. La diferencia de tamaño entre ellos era abismal. Mientras uno superaba fácilmente los dos metros el otro escasamente llegaba al metro cincuenta. Sin darles tiempo a reaccionar, el más robusto agarro a Carlos del tobillo elevándolo de una forma tan bruta que el chico llevó un gran golpe en la cabeza perdiendo el conocimiento. Mientras eso ocurría, el otro sujeto se colocaba delante de Nérida, que reaccionó agarrando el atizador de la chimenea. Una risotada chillona salió de la boca de la mujer mientras dirigía sus manos hacia la chica. Asustada, Nérida asesto un golpe que para cualquier otra persona resultaría crítico, pero que para la mujer no. Simplemente rasgo la capa permitiendo ver sus rasgos. Su pelo era negro y cardado, y los ojos completamente negros, no se diferenciaba la pupila del resto. Su piel era  roja y escamosa y todos sus dientes eran afilados como colmillos. Nunca había visto nada parecido. Sus piernas comenzaron a temblar sin remedio mientras buscaba en el suelo el atizador.
-¿Buscas esto?- la voz chillona de la mujer la sorprendió de nuevo. Sujetaba el arma con una mano que solo poseía tres dedos. La mirada de esa criatura paso de ser burlesca a estar cargada de ira. Sin ninguna dificultad doblo la barra y se dispuso a atacarla de nuevo intentando asestarle un puñetazo, pero algo se interpuso en su camino. Una barrera semitransparente apareció entre las dos. No frenó el ataque, pero si lo ralentizó hasta un punto que le permitió esquivarlo sin dificultad tirándose al suelo. Nérida no entendía nada y sentía como poco a poco se le escapaban las fuerzas, como si hubiera realizado un esfuerzo demasiado grande. Lo único que alcanzo a ver fue como segundos después aparecían otras dos personas en la sala que, sin saber como y a una velocidad increíble, hicieron desaparecer a sus agresores. Ágilmente se acercaron a ella, descubrieron su rostro y dijeron algo que no pudo entender y que sonaba cada vez mas distante. Solo sabía que estaba a salvo.

2 comentarios:

  1. Meeeeeeeeeeeeeencantaaaaaa :D Es genail no puedo esperar para leer el siguiente odio a Carlos -.- es un niñato Nérida tiene razon ella si que es genial.

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    1. Muchísimas gracias :D no sabes como me animan tus comentarios jaja igual tarde porque estoy preparando una descripción mas detallada de ellos para la pestaña "personajes" pero en cuanto pueda lo subo :)

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